miércoles, octubre 23, 2013

Nuestras dependencias

Si una parte de nuestra actual vida está tiranizada por alguna clase de dependencia y no vemos todavía la forma de resolver tal atadura, recordemos que el Universo cuenta con depósitos de serenidad infinita para toda mente que lo precisa y convoca. Si una parte de uno mismo se siente esclavizada por cualquier tipo de adicción, deberá aprender a encajar la consiguiente frustración una y mil veces, aceptando la desdicha pasajera. Y si uno cree “necesitar” una relación o sustancia que intoxica o bien una determinada conducta que nos deteriora, no dudemos y confiemos que un Principio de Orden Superior, proporcionará las circunstancias idóneas para liberarnos de la cadena. Mientras tanto, indaguemos en la enseñanza de las luces y sombras que tales dependencias conllevan. Poco a poco comprobaremos que estamos tapando otras cosas a través de lo que nos ata.

Si uno se pregunta, “¿por qué arrastro esta cadena?” Tal vez intuya que todavía no es el tiempo de la respuesta. Tan sólo confiar y seguir adelante con esa “cruz a cuestas”, mientras algo cambia día a día en lo más hondo de la consciencia. Nada es estéril, ni siquiera la conducta que uno critica y rechaza.

El Universo se expande a formidables velocidades. Nada va hacia atrás, ni tan siquiera las aguas profundas de nuestro río, aunque, a veces, parezca que no avanzan. De pronto, llega un día en el que suena un teléfono, sucede un imprevisto o simplemente llaman a la puerta… Ha ocurrido algo extraordinario que altera el viejo orden. Se trata de algo que, con apariencia de inocente, revoluciona sutilmente todas las cosas.

Ante estas circunstancias, uno siente llegado su momento. Sabe que ha tocado fondo. Ahora en su vida se borran viejos dibujos mientras algo nuevo nace y se reorienta. De la misma forma le pasa al joven Río cuando fluye por vez primera. Sus aguas descienden de las montañas creando el cauce a su paso y buscando los senderos de menor resistencia. Pasado un tiempo en el que el Río está más crecido, sucede que tropieza con un pozo o simplemente llega hasta una hondonada de piedra. De pronto, siente que su marcha se detiene y que su avance e ilusiones se pierden y estancan. Pasan los días, mientras el Río aparentemente estancado, se vacía de sueños y de anhelos aceptando su vulgar destino, su rutina y la frustración de sentir que en su vida no pasa nada. Sin embargo, sin él saberlo, la fuerza vital de la corriente aumenta cada minuto hasta llegar al borde de la muralla. De pronto, amanece un día en el que, sin esfuerzo alguno, se supera el obstáculo y fácil, muy fácilmente y sin esfuerzo, todo refluye chispeante hacia nuevas tierras y experiencias.

Los estancamientos son aparentes. La experiencia de esclavitud hacia sustancias, personas o acciones que nos dañan y destruyen, a menudo, también aportan otros beneficios ocultos de aprendizaje y consciencia. Más tarde, la vida llama al Gran Cambio y nos implica en una revolución silenciosa. El recién nacido brota más lúcido ante la nueva vida que lo acoge y lo apoya. Uno bien sabe que la conquista de la sabiduría señala un fluir sutil por el filo de la navaja. El que se levanta aún es más grande que el que no enfrentó la caída. Se trata de despertar el coraje cuando así la situación lo demanda. En cualquier caso, somos totalmente inocentes de experimentar ataduras cuya razón y oscuro sentido aún no se revelan. Finalmente, el Poder de lo Global, a través de sus líneas sinuosas, conduce al discernimiento y al despertar de la consciencia.

lunes, marzo 25, 2013

Confiar es una elección que podemos optar por cultivar y reforzar

Cuanto más veloces huimos del miedo, más grande se hace éste y más fuerte es su hechizo sobre el alma. Para librarnos de tal poder, conviene mirar de frente su paralizador influjo, y más tarde discernir si nos está protegiendo de un peligro o simplemente es un virus mental que nos inquieta.

El miedo que paraliza y deprime es el miedo neurótico que impide la acción. Se trata de un sentimiento que sintoniza con viejas tensiones y heridas no resueltas. El temor que se disfraza de inseguridad encubre anticipaciones el dolor y muchas veces hace referencia a duelos sumergidos cuyo recuerdo nos inunda de ansiedad e induce a conductas crispadas.

El miedo nace de la memoria del dolor y brota en racimos de pensamiento conectados al recuerdo. Se trata de ideas neuro-asociadas que conforman la creencia de que aquello que uno rechaza, puede volver a suceder. En realidad, si no hay memoria no hay miedo. Por este motivo, los inocentes se enfrentan con tranquilidad “irresponsable” a muchas situaciones de alto riesgo. Los inocentes no proyectan experiencias anteriores y, en consecuencia, no temen la llegada de la supuesta desgracia.

Allí donde veamos una conducta exagerada, se revela la sombra que oculta viejas heridas y, que nos demanda sin demora, un drenaje emocional del alma. Allí donde, por ejemplo, veamos la mentira en sus diferentes grados ¡Atención!, no hay maldad o estupidez, hay tan sólo una mente que se siente amenazada. Conviene mirar al miedo de frente y preguntar, ¿qué temo en realidad?, ¿qué sería lo peor que podría pasar? Al observar y concretar con precisión lo que tememos, ya se puede respirar a fondo lo temido y crear nuevas opciones más deseadas. De pronto, sucede que el gran gigante ilusorio que tan sólo puede habitar en las sombras, se esfuma disuelto a la luz de la consciencia.

La sensación de confianza y seguridad no sólo brota como consecuencia de la memoria del propio éxito, sino que también es una cualidad que nuestra inteligencia emocional desarrolla. Confiar es una elección que podemos optar por cultivar y reforzar, mientras se comprueba que tras los problemas aparecen las soluciones y que toda dificultad fortalece y enseña.

La confianza también brota desde la facultad intuitiva, desde ese insólito Ser que somos y que detrás, escondido y sabio, se revela y expresa. La confianza es un estado de conciencia, un plano mental de vida que abre a la Paz y a la Templanza. Pero, ¿de dónde brota?, ¿acaso es una protección mágica que opera desde las estrellas? Al tratar de responder, la razón tal vez dude, pero todos sabemos que no estamos solos. La Historia y el Misterio así lo avalan. El Universo nos apoya al encarar el miedo mientras hacemos con inteligencia lo que debemos, aunque se sienta inseguridad y amenaza.

Cuando nos veamos enfrentado al ridículo, a la ruina o al abandono del ser que amamos, conviene que nos detengamos unos instantes. Conviene que respiremos profundamente, distanciándonos del escenario mientras nos dejamos atravesar por la columna de luz, que penetra por lo más alto de nuestra cabeza. Más tarde, la sencillez suavizará lo que tememos y la sobriedad será nuestra aliada. No hay temor agudo que sobreviva si lo respiramos de forma consciente y continuada. Sólo hay que detenerse y observar sin eludir ningún aspecto y sin tapar ninguna de las caras. Desde el Silencio Consciente, de pronto, la mejor opción brota y la vida, de nuevo, tiene sentido mientras uno, a sí mismo, se reinventa. Ya todo está en su sitio. Uno sabe a qué atenerse y vuelve a fluir centrado en el núcleo de la confianza.

martes, noviembre 20, 2012

Aceptación.


Aceptación no es pasividad, sino lucidez para ver las cosas tal cual son, sin rechazarlas. En este punto, esta actitud se diferencia de la tolerancia: cuando dejamos que los otros nos hagan cosas o que persistan situaciones que nos dañan o comportan sufrimiento y frente a los cuales podríamos hacer algo. En este caso, deberíamos analizar la situación, y buscar qué pasa con nosotros para no producir los cambios necesarios para salir de la posición de “Víctima”.

sábado, noviembre 10, 2012

Confiar es una elección que podemos optar por cultivar y reforzar


Cuanto más veloces huimos del miedo, más grande se hace éste y más fuerte es su hechizo sobre el alma. Para librarnos de tal poder, conviene mirar de frente su paralizador influjo, y más tarde discernir si nos está protegiendo de un peligro o simplemente es un virus mental que nos inquieta.

El miedo que paraliza y deprime es el miedo neurótico que impide la acción. Se trata de un sentimiento que sintoniza con viejas tensiones y heridas no resueltas. El temor que se disfraza de inseguridad encubre anticipaciones el dolor y muchas veces hace referencia a duelos sumergidos cuyo recuerdo nos inunda de ansiedad e induce a conductas crispadas.

El miedo nace de la memoria del dolor y brota en racimos de pensamiento conectados al recuerdo. Se trata de ideas neuro-asociadas que conforman la creencia de que aquello que uno rechaza, puede volver a suceder. En realidad, si no hay memoria no hay miedo. Por este motivo, los inocentes se enfrentan con tranquilidad “irresponsable” a muchas situaciones de alto riesgo. Los inocentes no proyectan experiencias anteriores y, en consecuencia, no temen la llegada de la supuesta desgracia.

Allí donde veamos una conducta exagerada, se revela la sombra que oculta viejas heridas y, que nos demanda sin demora, un drenaje emocional del alma. Allí donde, por ejemplo, veamos la mentira en sus diferentes grados ¡Atención!, no hay maldad o estupidez, hay tan sólo una mente que se siente amenazada. Conviene mirar al miedo de frente y preguntar, ¿qué temo en realidad?, ¿qué sería lo peor que podría pasar? Al observar y concretar con precisión lo que tememos, ya se puede respirar a fondo lo temido y crear nuevas opciones más deseadas. De pronto, sucede que el gran gigante ilusorio que tan sólo puede habitar en las sombras, se esfuma disuelto a la luz de la consciencia.

La sensación de confianza y seguridad no sólo brota como consecuencia de la memoria del propio éxito, sino que también es una cualidad que nuestra inteligencia emocional desarrolla. Confiar es una elección que podemos optar por cultivar y reforzar, mientras se comprueba que tras los problemas aparecen las soluciones y que toda dificultad fortalece y enseña.

La confianza también brota desde la facultad intuitiva, desde ese insólito Ser que somos y que detrás, escondido y sabio, se revela y expresa. La confianza es un estado de conciencia, un plano mental de vida que abre a la Paz y a la Templanza. Pero, ¿de dónde brota?, ¿acaso es una protección mágica que opera desde las estrellas? Al tratar de responder, la razón tal vez dude, pero todos sabemos que no estamos solos. La Historia y el Misterio así lo avalan. El Universo nos apoya al encarar el miedo mientras hacemos con inteligencia lo que debemos, aunque se sienta inseguridad y amenaza.

Cuando nos veamos enfrentado al ridículo, a la ruina o al abandono del ser que amamos, conviene que nos detengamos unos instantes. Conviene que respiremos profundamente, distanciándonos del escenario mientras nos dejamos atravesar por la columna de luz, que penetra por lo más alto de nuestra cabeza. Más tarde, la sencillez suavizará lo que tememos y la sobriedad será nuestra aliada. No hay temor agudo que sobreviva si lo respiramos de forma consciente y continuada. Sólo hay que detenerse y observar sin eludir ningún aspecto y sin tapar ninguna de las caras. 

Desde el Silencio Consciente, de pronto, la mejor opción brota y la vida, de nuevo, tiene sentido mientras uno, a sí mismo, se reinventa. Ya todo está en su sitio. Uno sabe a qué atenerse y vuelve a fluir centrado en el núcleo de la confianza.

Haciendo lo que tememos, disolvemos nuestro temor. 

domingo, octubre 14, 2012

Proyecciones: La vida como espejo de nuestros sentimientos

Hasta que no comenzamos a observar, la mayoría de nosotros no somos completamente conscientes de qué papeles podemos estar desempeñando. Las mejores oportunidades de averiguarlo nos las ofrece la vida misma. Cada situación con la que nos enfrentamos nos muestra en qué medida estamos potenciados para mantenernos por nosotros mismos, para expresar nuestros sentimientos y, finalmente, para relacionarnos con los demás.

La vida es siempre un espejo perfecto para las actitudes que asumimos. Un ejemplo es que cuando creemos que somos feos y que nadie nos ama, ese pensamiento hará que esa experiencia se manifieste. Proyectando esa realidad sobre el mundo que nos rodea, aquello que creemos se volverá verdadero. Lo opuesto es cierto también. Cuando creemos que somos bellos y merecedores de amor, creamos una confirmación de esa creencia en el mundo que nos rodea.

El grado de potenciación de que disponemos se verá reflejado en nuestras experiencias con otras personas. El arquetipo de la Víctima, por ejemplo, ve y crea enemigos en las otras personas; el arquetipo del Guerrero los verá como oponentes; el arquetipo Intuitivo percibirá que estas personas son proyecciones de sus estados de conciencia; y el arquetipo del Guru experimentará a cada persona como una unidad, sin separación consigo mismo.

La proyección es la externalización de nuestro estado emocional interno; nos mantiene fijos en el arquetipo por el que estamos viviendo. Este aspecto se observa frecuentemente en las parejas casadas, cuando uno culpa al otro por toda su infelicidad, en lugar de darse cuenta que su pareja está simplemente reflejando su propio estado interior. Igualmente ocurre cuando los padres proyectan sobre sus hijos sus propias niñerías no resueltas, buscando quizá su propio escape a todo lo que les va mal o, por el contrario, cuando los sobreprotegen debido a que ellos mismo no reciben suficiente amor.

Dentro de la sociedad, la proyección se encuentra en la raíz del prejuicio, ya sea éste racial, religioso o sexual: esto sucede cuando un grupo de personas proyecta sobre otro todas las cualidades negativas que no desean reconocer en sí mismas.

El poseer nuestras propias proyecciones, reconociendo que, en realidad, estamos mirando a través de cristales distorsionados por las emociones propias, nos permitirá realizar los correspondientes cambios en nuestra percepción y pensamiento y nos ayudará a crecer. Una vez nos volvamos conscientes de nuestros arquetipos, podremos elegirá qué nivel de conciencia deseamos responder a las situaciones de la vida. Entonces podremos encontrar que deseamos modificar nuestro comportamiento con el fin de resonar con un nivel más profundo de comprensión y autoconciencia, y actuar de un modo apropiado a la situación.

Siempre podremos elegir apoyarnos en nuestra conciencia interna para que nos guíe en nuestro camino. A medida que realizamos el cambio en el pensamiento, avanzamos hacia nuevos arquetipos, y hacia niveles superiores de vitalidad y poder, para recibir con ello mayor fortaleza y apoyo en nuestras nuevas tareas. Las situaciones que necesitamos para avanzar se presentarán por sí mismas en nuestras vidas a medida que nos hallemos dispuestos a vivir  nuevos desafíos desde una conciencia cada vez más profunda de quiénes somos.

Guardamos dentro de nosotros todos los arquetipos, inherentes en nuestra conciencia, y podemos elegir el arquetipo con el que deseamos vivir. Podemos vivir nuestras vidas como Víctimas, si así lo deseamos, y permanecer constantemente dependiendo del afecto del mundo exterior, o podemos potenciarnos a nosotros mismos con una mayor conciencia a través del trabajo interior y el desarrollo espiritual, y vivir desde un lugar de sabiduría y maestría.

domingo, septiembre 23, 2012

Evolucionar y crecer como seres con alma


El mayor coraje que una persona puede expresar, ocurre cuando, tras sufrir una gran derrota, mantiene en alza su nivel de autoestima. Cuando el ser humano no permite que el error o el fracaso quiebren su ánimo y fortaleza, está haciendo gala de un íntimo coraje que le posibilitará reflexiones competentes e inspirados ajustes para oportunidades venideras. Tal vez, para ganar y conservar la sensatez y la templanza haya que aprender previamente a perder.

La verdadera victoria no está en el resultado cuantificable a corto plazo sino en el aprendizaje obtenido. En realidad, el gran propósito que resume todos los pequeños objetivos de la vida se centra en evolucionar y crecer como seres con alma. La derrota no existe, ya que todos los acontecimientos con aroma de frustración que uno experimente, suponen enseñanzas. La finalidad del laberinto iniciático que recorre el ser humano en la vida, consiste en desarrollar el conocimiento del sí mismo y expandir hasta el infinito la consciencia.

No hay derrotas, hay tan sólo experiencias que señalan el camino que se nos invita a recorrer con sus luces y sus sombras. El gran objetivo es devenir lo suficientemente lúcidos como para aprender de los errores mientras recorremos la existencia. No hay culpas ni castigos, sino una totalizadora u holística interacción del Universo entre las redes que tejen el destino de cada persona. Cuando alguien siente frustración porque no le es concedido un trabajo al que opta, puede tener la tentación de “tirar la toalla” y olvidar que nada es casual. El que cree en sí mismo sabe que hay un lugar en el mundo para él, sabe que la vida le depara un proceso que, más largo o más corto, vivenciará con todas las sinuosidades emocionales que conlleva.

“La perseverancia trae ventura” dijo el I-Ching hace 4.000 años. Un Principio que ya fue captado por los antiguos filósofos chinos al primar la perseverancia como una capacidad de la inteligencia. Cuando uno persevera, observa los errores pasados y registra eficazmente las propias acciones que rechaza. El control de la ansiedad anticipadora comienza por el aprender a amar la acción por la acción, independientemente del resultado. Cada paso, cada movimiento, cada gesto, por pequeño y funcional que éste sea, supone un fin en sí mismo y merece toda nuestra atención y consciencia. La victoria final es uno mismo.

La Victoria de las victorias supone integrar la experiencia vivida en un núcleo consciente de apertura. Somos mucho más que una noria de ilusiones y decepciones. Somos Luz en plena amnesia de opacidad que, a lo largo de la vida, misteriosamente, deviene consciente de sí misma. El camino es largo y a la vez corto, ya que en última instancia no hay nada que buscar porque uno ya es lo que busca. ¿Por qué no nos lo creemos? El Gran Olvido forma parte del juego del vivir que, en cierto modo, es el juego de recordar. Cuando la cortina de niebla comienza a retirarse, uno comprende que el mundo es perfecto tal cual es, incluidos nuestros deseos de cambiarlo. Y en realidad, cuando uno mira la campaña de la vida ya vivida, sabe que pase lo que pase, en el fondo de sí mismo, sabe nunca ha pasado nada. Tal vez una mañana no muy lejana, al abrir nuestros ojos, sintamos que hemos despertado de algo más que del sueño habitual de cada noche.

Tal vez sintamos que, de pronto, hemos despertado del gran sueño del yo separado. Uno entonces comprende que está inmerso en la gran aventura de la conciencia cuyo despertar es la verdadera victoria.

Muchas pequeñas derrotas conducen a la gran victoria. Chuang Tzu

jueves, agosto 09, 2012


La verdad está en el descubrir, no en lo descubierto.

El propio hecho de descubrir implica abrir la mirada a un nuevo horizonte. Y tal vez, la labor de descubrir sea la misión esencial que el ser humano tiene asignada sobre la tierra. Se trata de perforar cada día nuevas capas de cebolla que nos aproximen al núcleo esencial de todas las cosas.

Cada vez que descubrimos, nos asomamos al balcón de una nueva porción de verdad y de existencia.

Cuando experimentamos el hecho de descubrir junto a otra persona, se produce un chispazo que nos hace cómplices del instante mágico del darse cuenta. Cuando descubrimos una cualidad, hasta entonces oculta o simplemente comprendemos los procesos mentales que nos conforman, sentimos la felicidad del que se sabe que crece y se libera. Sin embargo, más tarde sucede que la mente tiende a quedarse enganchada dando vueltas sobre lo descubierto, sin percatarse de que el verdadero gozo estaba en el descubrir. ¿Existe verdad mayor que la fugaz y luminosa chispa del descubrimiento?, ¿puede haber algo más bello que compartir, el acontecimiento del descubrir?

Intuimos que somos algo más que cuerpo. Intuimos que algo en nosotros es Luz, Infinitud y Totalidad. Y sucede que todo aquello que contribuye a descubrir tal esencia, vitaliza los sentidos y produce júbilo en el alma. Descubrir quiénes somos y descubrir cómo funcionan nuestras diferentes partes internas, es un regalo tan intenso como pasajero. Algo parecido al relámpago que al llegar de súbito, todo lo ilumina

Cuantos más rayos tiene una tormenta, más horizonte se descubre aunque sea en una noche de nubes negras. Vivir en el descubrimiento sostenido conlleva un estado de conciencia que recuerda al del niño que se sorprende, una y otra vez, porque ve todas las cosas como nuevas. “Sed como niños para entrar en el Reino”, dijo el Lúcido refiriéndose al estado de suprema inocencia. Un estado que carece de memoria y anticipación y en el que, en cada instante, se descubre maravillado una existencia nueva. Redescubramos al niño interno y rescatemos su inmensa grandeza. Ahora ya somos conscientes del regalo que supone recrearnos en la perfección que subyace tras nuestras luces y sombras internas.

Lo que ha sido descubierto, pasado un instante, ya queda viejo. Sin embargo, el descubrir es siempre fresco. Una experiencia que no depende de lo de fuera, de sus artilugios, ni de los “efectos especiales” que adornen las superficies externas.

El descubrir depende de la actitud con que se encara la vida, depende de la capacidad de vaciarse y soltar registros ya vividos, archivos que se proyectan en todo aquello que uno mira con carga vieja.

El descubrir supone soltar suposiciones y neutralizar el control que quiere ejercer la cabeza. Merece la pena abrirse a lo nuevo y recordar que todo lo recién nacido está en sus ojos y no precisamente en las “afueras” de su propia cara.

La conciencia creativa permite, en cada momento, que uno se construya la vida como si de pintar un lienzo se tratara. Para ello, el artista descubre la chispa de la siguiente pincelada. Y aunque ignora lo que va hacer luego, confía que en el paso siguiente, descubrirá la forma y resolverá la encrucijada. El camino se hace al andar, descubriendo, cada segundo, el lugar de la próxima pisada. La anticipación emocional condiciona la mente a tener que vivir lo que previamente programó en la proyección al futuro de su propia historieta. Cuando vamos a una fiesta con la intención de repetir el gozo de la anterior, decimos adiós a lo nuevo y apostamos por una frustración completa.

En realidad, el que descubre es el que despierta.


domingo, julio 22, 2012

El reconocimiento de los padres.

Es importante que los hijos reconozcan a sus padres. “Honrando a los padres, algo se arregla en las profundidades del alma”, dice Hellinger y describe que no les corresponde a los hijos juzgar a sus padres, ya que el hecho de convertirse en padre o madre no depende de cualidades morales, sino de un acto determinado, establecido de antemano e independiente de características morales. “Los padres merecen el reconocimiento como padres por la consumación de un acto, y sólo por esta consumación.” Aquí, no hay lugar para juicios morales; desde este punto de vista, no hay padres buenos o malos. Los padres les dan a los hijos la vida, el bien supremo, y es esto lo que los hijos deben agradecer.

El respeto ante los padres como fundamento de la propia identidad

Este enfoque naturalmente es provocativo. ¿Cómo podrá un hijo respetar a sus padres cuando éstos abusaron de él, lo maltrataron o lo dieron? Aquí, la atención se centrará en no confundir los niveles. Cuando se trata de que una persona, en su desarrollo, llegue a estar “completo”, es imprescindible integrar interiormente a ambos padres. Una persona sólo puede encontrar su identidad estando en paz con ambos padres. “Cuando se excluye a uno de los padres, el hijo sólo está a medias, sintiendo el vacío y la falta, lo cual es la base de la depresión. La depresión se sana integrando al padre o a la madre excluidos, dándole su lugar y su dignidad.”

Muchas veces, las personas sienten el miedo de hacerse como sus padres, pero este rechazo de determinadas características de los padres únicamente los lleva a rechazarse también a ellos mismos.

El tomar e integrar al padre y a la madre es un proceso independiente de sus cualidades y de sus actos posteriores, “es un proceso curativo” que nos llena de amor, abundancia y paz.

Honro a mi papa y a mi mama y les digo GRACIAS POR LA VIDA QUE ME DIERON.

lunes, junio 25, 2012

El corazón.


El camino de la vida parece ser una travesía hacia la realización de nuestra particular misión. Paso a paso, ciclo a ciclo, el viajero recorre paisajes emocionales en los que, a veces, queda muy poca motivación y entusiasmo para seguir la marcha.

El peregrino que llevamos dentro sabe muy bien que cada jornada, por muy vulgar que a menudo parezca, es un trozo del camino hacia la realización del alma. Para ello, viajemos atentos a las señales del cielo que, apareciendo aquí y allá, confirman la dirección y aseguran el contacto mágico durante la jornada.

¿Acaso no es éste un tiempo en el que, tras el pragmatismo y la racionalidad, nos acercamos veloces a la apertura de la crisálida?

¿Acaso una gran parte de la humanidad no está ya madura como para permitirse el lujo de vivirse en la Unidad y la Belleza? Hace ya tiempo que la madurez y la eficacia no están reñidas con Principios y Valores en los que el corazón se expresa.

La mente crea el puente, pero es el corazón el que lo cruza. La mente crea andamiajes basándose en sus objetivos y en sus metas. Sin embargo, uno sabe muy dentro que será su propio corazón quien va a dar el gran salto, quien, de verdad, moverá las cosas. El corazón tiene otros ojos y radares distintos a los de la mente práctica. Es por ello que, cuando hace falta cruzar el puente y dar el salto, él sabe muy bien cómo mover la fuerza del impulso y desencadenar la magia del alma.

¿Qué es el corazón?, ¿un órgano fisiológico que bombea?, ¿acaso el centro del sentimiento opuesto a la cabeza? El corazón es algo más. Tal vez es el núcleo de todo y el móvil esencial de la existencia. A veces se ocupa de la motivación, otras, de poner en marcha grandes y pequeñas empresas, pero lo que sin duda siempre ha hecho, fue calentar el pecho y diferenciarnos de las máquinas.

Si nuestro corazón está algo cerrado por el dolor sufrido en experiencias pasadas, respiremos profundo y decidamos abrir nuestra “coraza”. Tal vez intuyamos que ahora, en el tiempo actual, nuestra mente tiene más recursos y dispone de más herramientas para mantener la atención y darnos cuenta. Si simplemente queremos abrir nuestro corazón y de nuevo encender la llama, confiemos. Semejante propósito es algo que, por su grandeza y trascendencia, merece convocar toda la energía disponible en las altas esferas.

En realidad, el corazón es lo Profundo y en su propia hondura se encuentran las perlas más valiosas. Sus reinos se reconocen mediante la intuición y sus secretos se arrebatan tan sólo con los silencios prolongados y los retiros del alma. Decidamos abrir el corazón de la mente y no sentirá que pierde la razón, sino que, en todo caso, su espacio se amplía y serena.

¿Acaso no resulta sorprendente que el término “cordura” provenga de cor-coris-corazón? En realidad, el hecho de actuar con corazón es dar muestras de cordura. De esa cordura existencial que nos permite recordar quiénes somos y lo que verdaderamente merece la pena.

El corazón no es el motor de las emociones, ni tampoco tiene que ver con los sentimientos que abruman al alma.

El corazón no es la pasión, ni tampoco el instinto refinado que demanda supervivencia. El corazón es el Misterio.

El corazón está más allá de las palabras. Es un estado de consciencia que tan sólo abre sus puertas al elegido de la Gracia. El corazón no pesa, ni tampoco acumula ofensas. Es un espacio sin equipaje al que entrar desnudo, vacío, sin nada.

El corazón abre sus puertas cuando ya no hay armaduras ni espadas, cuando el niño eterno se revela consciente y sin el peso de la memoria.

El corazón se expresa cuando el iniciado avanza hacia ese fuego frío y azul que lo convoca. ¿Buscamos el Grial? En respuesta a tal pregunta alguien dijo: “Si es así, ten coraje, vacía y suelta”.

Desde mi corazón te abrazo 

domingo, marzo 11, 2012


Cuando nos autogeneramos la suficiente motivación para hacer bien las pequeñas cosas de cada día, estamos conspirando por la paz y por el éxito. Sin duda, se trata de una capacidad que no tiene precio. Para hacer posible una competencia mental de esta naturaleza, conviene poner atención y consciencia en los movimientos y matices de todo lo que uno hace desde que se levanta por la mañana.

¿Acaso no merece la pena ser plenamente conscientes de todo pensamiento, palabra y acción que brote de nuestra persona? Cuando uno es consciente de su propia vida en términos de momento presente, algo muy grande está pasando. La consciencia sostenida y la mejora que de ella se deriva conforman una energía de crecimiento que, como bola de nieve, abre posibilidades a empresas cada vez más grandes en cantidad y calidad, que el interés colectivo demanda.

¿Qué es lo que determina que una acción sea calificada como pequeña cosa, frente a otra que llamamos grande?, ¿la cantidad de dinero que mueve?, ¿la que afecta a mayor número de personas?, ¿la que nos demanda mayor esfuerzo o bien es la que pone en juego la calidad total de recursos creativos que actualizan nuestras potencialidades internas?

Para el Universo todo tiene su importancia. Las modernas ciencias afirman que hasta el aleteo de una mariposa puede influir sobre el clima de una ciudad entera. En este sentido, puede suceder que una sonrisa evite accidentes en cadena y el retraso de un encuentro cambie el destino de un planeta. Todas las cosas tienen su importancia, desde lavar los platos con movimientos precisos y conscientes, hasta estampar una firma clave por la que cesamos en el trabajo y vendemos la casa. Lo que vale no es qué es lo que se hace, sino el cómo se hace. La conciencia atenta pone el mismo amor en consolar a un niño que al presidente de una gran empresa. Todo está encadenado en una red de interrelaciones y cada nueva acción tiene el aroma de la propia trayectoria.

Conviene cuidar nuestras palabras, aunque éstas se dirijan a gentes sin aparente importancia. Caminemos conscientes de cada paso y tratemos de colocar la espalda bien recta. Mientras tanto, observemos el juego de nuestra propia mente, como si todo ese ruido con nosotros no fuera. Todo movimiento es importante y todo lo que logra devenir consciente, en realidad, merece la pena.

Una vez que se tiene la mente entrenada para hacer bien las cosas, por pequeñas o grandes que parezcan, vendrán a buscarnos responsabilidades más grandes, tal vez porque ya no nos afectan los riesgos y las amenazas que, para el viejo modelo, éstas conllevan. Nuestra alma entonces estará preparada para servir a la vida y con ésta, a todos los hombres y mujeres de la tierra. Ya no se teme al fracaso y el ego ha cesado en sus exigencias. El camino ya permite ser recorrido con conciencia ecuánime y con las emociones bien serenas. El entrenamiento ha podido parecer largo, pero los frutos de la conciencia atenta llegan. El ser se recrea tanto al freír un huevo como al detener toda una guerra.

Bien sabemos que hasta la caída del pétalo de una rosa afecta a galaxias enteras.

Si hacemos bien las pequeñas cosas, grandes cosas nos buscarán e impulsarán a que las realicemos.

Atención total en cada paso, en cada cosa.

martes, agosto 30, 2011

El poder de un abrazo

El poder de un abrazo


El contacto físico no es sólo agradable, es necesario para nuestro bienestar psicológico, emocional y corporal; acrecienta la alegría y la salud del individuo y de la sociedad.

Y claro que eso es definitivamente real. Todos funcionaríamos mejor durante el día, si abrazáramos o nos dejáramos abrazar. Si bien es cierto que dar o recibir un abrazo es algo simple y cotidiano, casi todos desconocemos la dimensión de plenitud que nos proporciona.  Los expertos en la materia, tienen mucha razón al decir que "en su forma más elevada, abrazar es también un arte". Una de las formas más naturales y espontáneas de demostrar afectos es a través del abrazo. "Si bien hay muchas formas de tocar, el abrazo es una muy especial y que contribuye de un modo muy importante, a la curación y la salud.

El abrazo es asexual y por lo general reconocemos un abrazo cariñoso, consolador o juguetón, del abrazo de pareja. Cada uno tiene muy en claro que tipo de abrazo está dando, ya que el abrazado responderá en el mismo tono. El abrazo se da y se recibe. A veces uno es el abrazado y otras, el que abraza. Cuando se quiere un abrazo, no hay que esperar a que el otro adivine, es necesario pedirlo.

Los hijos tienen que ver que sus padres se abrazan entre sí, también a sus amigos, así al crecer, estarán convencidos que es algo que no sólo se da entre amantes y cuando se siente atracción física por otro.

Este gesto se da en todos los niveles de relación interpersonal. Todos tenemos necesidad de tocar y ser tocados, de amar y ser amados. El amor retenido puede convertirse en dolor. Por ello, en el abrazo hay que ser humildes y vulnerables, para entregarnos él y al abrazo. Al abrazar, afirmamos la capacidad de descubrir la ternura y la alegría que hay en nosotros y la riqueza interior que nos nutre.

Hay que tener muy en cuenta que el abrazo, es una de las formas más puras de manifestar afecto y cariño y además, tiene muchos beneficios, como el de aliviar el dolor, la depresión, la ansiedad y la tensión; acrecienta en los enfermos la voluntad de vivir y seguir adelante; ayuda a los bebés prematuros (que se vieron privados de contacto en sus incubadoras), a crecer y a fortalecerse; hace que veamos con mejores ojos nuestra propia persona y el entorno que nos rodea; tiene un efecto positivo en el desarrollo del lenguaje y en el coeficiente intelectual de los niños; provoca alteraciones fisiológicas positivas en quien toca y en el que es tocado; mantiene en buen estado los músculos de brazos y hombros, ya que es un ejercicio de flexión y de estiramiento; afirma que somos seres humanos; es democrático, ya que cualquiera es candidato para dar o recibir un abrazo; crea los lazos más estrechos entre los individuos, ya que rompe las barreras emocionales.

El afecto, el contacto físico y el cariño, es algo demasiado importante. Es una de las necesidades fundamentales del ser humano, al igual que el agua y el alimento.

Si bien, en la generalidad, los hombres suelen demostrar con más facilidad su cariño, muchas mujeres quizás lo expresen sin mayor dificultad, pero no siempre sucede así. Puede ser que una barrera emocional impida demostrar afecto o, simplemente, al no haberlo recibido desde pequeñas, sea difícil proyectarlo hacia otras personas. De hecho, es factible que el afecto recibido durante la infancia, determine la manera de darlo en el futuro. Tanto en el hombre como en la mujer, la ausencia de afectos en la infancia, puede marcar definitivamente nuestra personalidad como adultos; una persona que carece de afectos, suele ser rígida, celosa, posesiva y a veces insensible y violenta.

Normalmente, es gente muy dependiente de los demás en sus relaciones, ya sea matrimoniales o hacia sus padres o hijos. Otro de los rasgos de una persona que recibió poco afecto en su vida, es que suelen ser muy pasivas y se caracterizan porque aceptan todo, por miedo a quedar solas.

Hay diferentes formas de abrazos y hasta llevan nombre.

En el "abrazo de oso", por lo general, una de las dos personas es más alta, pero tampoco es requisito para aportar la cualidad emocional de este abrazo. El que abraza se curva levemente sobre el más bajo, envolviéndolo con los brazos. El que es abrazado apoya la cabeza en el hombro o pecho del otro y rodea la cintura del que abraza. Los abrazos de oso, se dan entre padres e hijos; abuelos y nietos. Entre amigos y entre esposos. Este abrazo transmite mensajes como: Te apoyo; cuenta conmigo; comparto tu dolor o alegría. Cuando se da en la pareja, se transmite una infinita ternura.

En el "de mejillas", este abrazo demuestra ternura y bondad y tiene una cualidad espiritual. Se puede dar sentado, de pié o hasta con una persona sentada y otra de pié, pues no se necesita contacto físico total. Si las dos personas están sentadas, deben ponerse de frente y presionar la mejilla contra el otro. Este abrazo se da entre amigos íntimos, entre la pareja o con un ser querido. Es ideal para una ocasión feliz.

En el abrazo "con forma de A", las personas deben estar de pié, frente a frente y colocar los brazos alrededor de los hombros. El costado de las cabezas queda apoyado en la del otro y el cuerpo está inclinado hacia delante sin que haya contacto debajo de los hombros. Es un abrazo clásico y muy apropiado para las relaciones recientes o cuando se requiere cierto grado de formalidad. Por lo general, se da entre familiares que tiene muchos años de no verse.

El llamado "abrazo sándwich", formado por tres personas, dos de ellas se colocan frente a frente y el tercero, en medio de los dos. Los dos abrazantes pueden abrazarse por los hombros o por la cintura. Este abrazo proporciona sensación de seguridad y apoyo. Es ideal para compartir en familia (madre, padre e hijo), entre tres buenos amigos o bien,  cuando una pareja desea consolar a otra persona.

El "abrazo impetuoso", es por lo general breve y se caracteriza, porque el que abraza corre y echa los brazos al cuerpo del otro. El que es abrazado debe estar preparado para responder al apretón y tener una sensación agradable. Otra manera de dar este abrazo, es cuando los dos corren el uno hacia el otro y se estrechan con pasión. Este abrazo se da cuando se dispone de poco tiempo, y se recomienda incluir abrazos más suaves y duraderos para no hacerlos tensos. Se utiliza en un momento en que queremos desearle suerte a alguien para expresar cariño, pero de una manera apurada.

El "abrazo grupal", les viene bien a los amigos muy íntimos que comparten un proyecto e interés en común. El grupo se coloca en círculo y los brazos rodean hombros y cinturas. Una de las variantes de este abrazo es cerrar el círculo avanzando hacia el centro y luego retroceder separándose con un grito de júbilo o con un apretón de despedida, tal cual en los bailes rusos. Este abrazo proporciona calidad de apoyo, seguridad y afecto, además de un sentimiento de unidad y solidaridad. Es ideal entre compañeros de clase, de oficina o de un equipo.

El "abrazo de costado", es muy usual darlo mientras dos personas caminan juntas. Pueden estar tomadas por la cintura o por los hombros. Se caracteriza también por ser un abrazo alegre y juguetón. Es apropiado cuando caminamos, paseamos o esperamos en la fila para entrar al cine o al teatro. Este abrazo es común entre la pareja, entre padre e hijo, madre e hijo, entre hermanos y también cuando los buenos amigos desean hablar.

En el "abrazo por la espalda", el que abraza se aproxima al otro lado desde atrás, rodea su cintura con los brazos y lo estrecha con generosidad. Este abrazo suele ser breve y juguetón y la sensación de fondo es de felicidad y apoyo. Este tipo de abrazo se da entre la pareja, como cuando el hombre abraza a la mujer mientras ella se encuentra haciendo algún quehacer.

En el "de corazón", se considera que es la forma más elevada del abrazo. Se inicia un contacto visual mientras la pareja está de pié, frente a frente. Los brazos deben rodear hombros y espalda y las cabezas se juntan y se establece un contacto físico. Los dos deben concentrase en la ternura que fluye desde un corazón hacia el otro y respirar con lentitud. Es preciso anular posibles distracciones. Éste es un abrazo sublime, largo, afectuoso, abierto y genuino. Puede expresar amor puro e incondicional. Se da entre viejos amigos o amigas muy recientes que se unieron por una experiencia y emoción común y, por supuesto, entre una pareja.

El "abrazo a la medida", es muy efectivo porque nos hace sentir bien. Aquí entra el factor ambiente, situación, compañía y las necesidades personales del abrazo: afecto, efecto, fuerza, apoyo o reafirmación o cualquier sensación agradable que pueda proporcionar el abrazo.

En el "abrazo Zen", se puede emplear cualquier tipo de abrazo. El de mejilla y el de corazón son los más recomendables. Una de las formas de practicar este abrazo es que la pareja se siente frente a frente y apoyen los pies con pies y manos con manos. No importa si se abren o cierran los ojos, pero la respiración debe ser profunda y con ritmo. La pareja debe estar concentrada sólo en el momento presente y dejar que los pensamientos desaparezcan. Es preciso tomar conciencia de lo que se está compartiendo, del contacto físico y de la energía que se está entregando mutuamente. Cuanto más profunda sea una relajación, mejor será la experiencia del abrazo. Éste es un abrazo que demanda mucha concentración, ya que mucho se entrega y recibe con él.
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martes, agosto 02, 2011

La conducta que proviene del ego y la conducta de proviene de la esencia

Básicamente, hay dos formas de conducta en la vida humana: la conducta que proviene del ego y la conducta de proviene de la esencia. Aunque adquirir la consciencia interna, el enfoque y la integración que nos permiten actuar desde la esencia puede ser un cometido que dura toda la vida.

Cuando estamos impacientes o irritados con alguien o con algo, significa que el ego se siente agitado por la posibilidad de que sus deseos no se cumplan. El ego no resulta difícil de identificar una vez que empieza a promocionar agresivamente su propia causa y a apartar a empujones a los demás para salirse con la suya, sin tener en cuenta las consecuencias. Cerrado a toda influencia que no sea su propio deseo, el ego da alimento a una actitud interna que menosprecia a los demás y, consciente o inconscientemente, traspasa sus límites personales. Tendemos a creer que tenemos una dispensa especial para ir a lo nuestro, sin tener en cuenta si «lo tuyo» está en armonía con el resto de la vida o no. Cualquiera que parezca estar yendo contra los propósitos o los planes del ego es descartado arrogantemente como irrelevante, inepto o imposible.

En situaciones que implican la terminación de un proyecto, o trabajar juntos en equipo, la conducta guiada por el ego nunca asume la responsabilidad por las fallas imprevistas, pero no tarda en atribuirse el mérito de cualquier éxito. En situaciones de infelicidad personal, es el ego el que quiere eludir toda responsabilidad echándole la culpa a alguna otra persona, superstición o fuerza externa como el destino.

Una vez que hemos olvidado la consciencia y la integridad de la esencia, y nos perdemos en las exigencias del ego, tendemos a comenzar a actuar como robots, usando viejos patrones de conducta condicionada que están tan arraigados que empezamos a pensar que es eso lo que constituye nuestro «yo». Para el ego, actuar conforme a los hábitos es muy fácil, porque puede hacer un gran despliegue de su programa favorito de fantasías y proyecciones sin la interferencia de la azarosa realidad que se abre cuando se permite que la sensibilidad, la espontaneidad y la confianza marquen la pauta.

La esencia, por otra parte, está tan segura de sí misma y tan cómoda en su propia piel que no necesita prevalecer contraponiendo sus objetivos a los de los demás. Se siente feliz de ir por el camino medio y está interesada en el desafío de permanecer consciente de cada paso del camino. En otras palabras, cuando actuamos guiados por la esencia, actuamos con consciencia y con sensibilidad a todas las variables en juego, incluidos los sentimientos de los que nos rodean, las exigencias del momento y la mejor manera en que nuestras acciones podrían promover una mayor sensación de armonía y entendimiento. Esto es especialmente cierto cuando sientes que se está gestando algún problema «por ahí» o dentro de ti. Si actúas guiado por la esencia, comprendes que seguir el ritmo de tu propio tambor no está en contradicción con tocar en armonía dentro de la banda.

Caminamos por esta línea tan fina entre los impulsos egoístas y la consciencia esencial a lo largo de toda nuestra vida. Llegar a conocer bien estos atributos individuales de la naturaleza humana hace que el camino sea mucho menos traicionero y mucho más gratificante.

Las personas que conocen su propia valía no necesitan denigrar la valía de los demás, ni engrosarán las filas de los que intentan utilizar a los demás para promover sus propias metas. Cuando estemos rodeados de ególatras, la mejor manera de la que podemos comportarnos es con dignidad y sencillez. Será muy agradable si algunas otras personas vuelven a sus cabales y siguen nuestro ejemplo, pero eso no es realmente lo que nos concierne. Permanecer fuera de la refriega es una recompensa en sí mismo.

Un modo por el cual el ego puede sabotear la esencia consiste en tratar de convencerte de que lo que haces es tan «esencial» que cualquier medio justifica los fines. Esto casi nunca es el caso; en las leyes de la existencia, los medios y los fines están indivisiblemente interconectados. De modo que, no importa lo digno que sea el fin, si se utilizan medios indignos para alcanzarlo, las consecuencias de tu conducta serán muy diferentes de lo que imaginabas.

No importa lo titubeante que te sientas ahora, es correcto actuar... lentamente, con suavidad y con precaución. Sobre todo, no te salgas de tus límites, sé franco sobre lo que puedes y no puedes hacer, y respeta los límites de los demás. Aminorar la marcha hace que sea más fácil percibir el camino. Según la atmósfera que te rodea vaya volviéndose más clara, te resultará posible considerar enfoques alternativos que no habrías podido ver si no te hubieras tomado el tiempo necesario para ello. A veces, puede ser difícil ver la diferencia entre el calmado compromiso de la esencia y la astuta determinación del ego... pero sólo desde fuera. Por dentro, sabes perfectamente bien qué tipo de conducta está en marcha. Pero tienes que tomarte tiempo para entrar en ti y observar la situación desde allí. Dependiendo de lo que veas ahí dentro, puede que quieras reconsiderar cómo estás actuando y cambiar de marcha.

De la misma manera que al árbol se le conoce por su fruto, así la conducta se puede evaluar por cómo afecta a su entorno interior y exterior. Si te sientes estresado, es probable que el ego se esté inmiscuyendo en lo que estás intentando hacer. Si todo parece irte bien, y toda la situación parece beneficiarse de tus acciones, es probable que estés en armonía con tu esencia.

lunes, julio 04, 2011

Amplitud de conciencia.


¿Qué mejor ofrenda hacia alguien que amamos que apoyar su libertad?, ¿de qué clase de libertad se trata?, ¿acaso de una libertad superficial que le permita hacer lo que nos molesta porque decimos que no nos importa?, ¿o más bien se trata de facilitar la liberación de las ataduras, posibilitando su éxito e independencia?

Cuando tratamos soterradamente de que nuestros seres queridos nos “necesiten”, lo que estamos es anulando su autonomía y su independencia. La “necesidad” de algo o alguien es un estado mental que priva de opciones y señala esclavitud y dependencia. Si en vez de manipular, para que nuestro ser amado nos “necesite”, logramos que nos “prefiera”, o simplemente que nos “elija”, estaremos dando un gran paso, el paso que va de la atadura a una voluntad libre que opta.

A menudo, y para asegurar que se nos quiera, ayudamos dando un pez cada día, en vez de entregar una caña de pescar completa. Sucede que, en nombre de la ayuda manipuladora, nos hacemos indispensables al otro para que no pueda ganarse la vida y vuele por su propia cuenta. Una manera muy sutil de enredar a una persona y hacerla orbitar a nuestro alrededor de forma parásita.

En realidad, el sentimiento noble tiene más que ver con el ofrecimiento de autonomía y desarrollo que con el propio mantenimiento de posiciones privilegiadas. La esclavitud habla de ignorancia y por ello, cuanto más conocimiento e información ofrece uno, más libertad regala. El conocimiento permite tomar decisiones bien informadas y aumentar nuestra prosperidad, mientras nos desenganchamos de dependencias pasadas. El desarrollo personal permite gestionar nuestra vida y hacer cesar el sufrimiento que produce la ignorancia. ¿Cabe mejor ofrenda?

El conocimiento de una persona no se basa en simples datos, sino en algo más integral que libera al ser humano, tanto de la escasez como de sus propias miserias. El desarrollo de la inteligencia y el cultivo del alma propician una confianza que no se basa en la presencia de nadie en concreto, ni en nada a lo que uno se aferra.

Cuando trabajamos nuestro interior, sabemos que nadie nos va a regalar la felicidad, sino que más bien depende de la relación con uno mismo y la amplitud de consciencia alcanzada. Se trata de una transformación hacia la libertad que no tiene tanto que ver con la ausencia de cadenas externas, como con la maduración y sentimiento de trascendencia.

Si se apoya a todo ser humano en el desarrollo de su mente y en el cultivo de la sensibilidad interna, se dispondrá de más opciones para lograr el bienestar y la paz duradera. ¿Acaso existe mejor regalo que aprender a generar la dicha propia?, ¿cabe mejor ofrenda a los seres que amamos?

Facilitar el método y la energía al ser que comparte nuestras horas, es una forma de amar que no sólo dota de posibilidades, sino de todo un mapa para desplegar ideas más amplias y liberadoras. Cuando una persona se abre a la expansión que ofrecemos con nuestro abrazo del alma, recibe un regalo sin precio. Recibe el código de la salida del miedo y las claves del despertar de su consciencia.

Amar es compartir la medicina que nos ha liberado y ofrecer aquello que nos dio más poder y templanza.

Amar es regalar la llama que un día se encendió en lo alto de la montaña y compartirla en conversaciones cotidianas

lunes, diciembre 20, 2010

Feliz Navidad

La Navidad, es tiempo de encuentro, las realizaciones más simples y más profundas son aquellas que tienen lugar en la familia.
Con un nuevo nacimiento de Jesús, se nos invita a entrar en un nuevo tiempo de madurez, ilusión y esperanza, una nueva oportunidad de volver a nacer, del compartir la luz en el mundo y en cada uno de nosotros, de miramos a los ojos, de valorar, de honrar, bendecir y agradecer... de un reencuentro en el Amor.
Cristo es un ser humano que da su vida por la vida, es decir, la vida siempre triunfa, ese es el mensaje de la Navidad, más allá de nuestras creencias religiosas.

Cuando entendemos la vida como un regalo, empezamos a asumir la propia existencia y empezamos a ver la vida de los otros como un regalo en nuestras vidas, con miles de posibilidades para desarrollar.
El gran regalo es decir: “te amo tal como eres y me amo tal como soy”.
Navidad es tiempo para recordar a los que ya partieron y ponerlos en el altar de nuestro corazón. Para que este anhelo de paz se concrete en una paz cada vez más profunda, es necesario que tengamos en nuestro corazón, en un lugar bueno y único para cada quien, a todos los miembros de nuestra familia.
Que esta navidad sea la que nos revele el gran poder que tenemos de elegir lo que sentimos. Que el sentir, junto con el poder de la voluntad, permitan que la Paz de la Navidad se afiance en nosotros y sea esta nuestro constante regalo, nuestro presente en esta elegida Navidad Eterna segundo a segundo.
Te deseo que el dolor sea transformado en Amor por el Amor, que lo esencial sea aceptar la invitación a abrir el corazón y dar lo mejor de nosotros y que la estrella de Belén sea la que ilumine el camino que emprendamos en el 2011.
Desde mi corazón… FELIZ NAVIDAD
María Inés

martes, noviembre 23, 2010

Estar centrado.

Cuando yo vivo mi centro es cuando descubro el centro de los demás. Antonio Blay
“¿qué es eso de centrado?, ¿de qué centro se trata?, ¿acaso es alguna conexión interna por la que todo fluye y encaja, sin forzar nada?, ¿acaso es un centro que está en todas partes?, ¿es que tal vez, el hecho de vivirse centrados supone haber aprendido a instalarse silencios profundos sin exigencias?”
Algunos lo llaman esencia, otros lo reconocen como ánima y conciencia. Dicen que todos tenemos y somos Eso, y que unas veces brota y otras se oculta, pero que nunca, en realidad, perdemos su oculta influencia. Se parece al Sol, que aunque haya nubes, siempre está detrás e irradia. Sin embargo, cuando, de pronto, perdemos el puntito y nos sentimos descentrados, ¿cómo barrer las nieblas y volver a vivirse desde la fuerza serena? Cuando la tormenta arrecia, ¿qué hacer para disolver las nubes de la mente y recuperar la Gracia y la sonrisa completa? Tal vez, en semejantes situaciones, tan sólo podamos respirar, observar y esperar.
Se intuye que al respirar profunda y conscientemente, también se sueltan las tensiones internas. Entonces constatamos que así como cada ola del mar tiene toda la fuerza del océano, de la misma forma, cada respiración consciente tiene toda la fuerza de la Vida. Mientras respiramos atentamente, observamos y permitimos que nuestras sensaciones y pensamientos vayan y vengan. Uno es Testigo ecuánime de la corriente mental que nunca permanece igual y siempre cambia. Ideas que vienen y van, mientras el Yo espectador atento permanece en neutralidad imperturbada.
Cuando vivimos centrados, resonamos con el Sol radiante, con el Ser que orbita alrededor de otros centros mayores de luz y fuerza. En realidad, todo gira y se mueve en un Universo que atestigua como océano de energía-consciencia en constante danza. Todo late en el gran sueño, incluidas las subidas y las bajadas de un ego que navega en el reino ordinario de la impermanencia. Mientras tanto, el Ser en conciencia despierta, ES inmóvil en el centro de la noria.

En nuestra vida hay, a veces, noches oscuras del alma. Son episodios en los que uno pierde el centro y se deja llevar por la fuerza centrífuga de la gran *peonza. De pronto, uno siente que no puede disolver las nubes de su conflicto y que no encuentra las palabras adecuadas. ¿Qué hacer?, ¿tal vez retirarse... darse un espacio en la desimplicación... y esperar a mañana?
Durante la noche, la mente habrá trabajado, metabolizando emociones y ordenando programas. Una vez más, la magia de la vida nos llevará al centro, y, una vez más, despertaremos sabiendo que todo pasa y que ya no importa. Hoy es otro día. Hoy la vida nos invita a recibir la llegada sutil de lo nuevo sabiendo que las encrucijadas son oportunidades para permitir que los viejos patrones se desprendan y afloren renovados proyectos, mientras la consciencia se despierta y ensancha.
Cuando recuperamos el centro, observamos y sentimos a todos como hermanos que caminan hacia la gran meta. Desde el centro fluimos con todos los seres vivos, sabiendo que todo sucede desde el mismo núcleo del alma. Uno siente gratitud y da gracias al Universo por morir y renacer tantas veces en una sola vida. Por volver a empezar y descubrir, una y mil veces, quiénes en realidad somos y en qué juego estamos metidos hasta las entrañas. ¿El centro? Lo Profundo. En todas partes, y a la vez tan íntimo y sutil. Océano de todo, observación silenciosa.

lunes, noviembre 01, 2010

Nuestra actitud ante la vida

El problema no está, en si la vida es fácil o difícil, sino en cómo reaccionamos ante los obstáculos.

El problema no está, en si la vida es fácil o difícil, sino en cómo reaccionamos ante los obstáculos.
Si un día se te cierra una puerta, la solución no es romperte la cabeza dando contra ella, sino preguntarte si no habrá, al lado de ella o en la misma dirección, alguna otra puerta por la que puedas pasar.
En la vida tienes que aceptar a veces salidas de emergencia, aunque te obliguen a dar un pequeño rodeo. Procura, al mismo tiempo, tener siempre encendidas tres o cuatro ilusiones; así, si te apagan una, aún tendrás otras de las que seguir viviendo.
Distingue siempre entre tus ideales y las formas de realizarlos. Aquellos son intocables, estas no. Si alguien pone obstáculos a tu ideal, pregúntate si se opone de veras a tu ideal o a la forma en que estás realizándolo. Y no veas problema en cambiar de forma de buscarlo, siempre en cuanto sigas buscando el mismo ideal.
Aprende en la vida a ser persistente y tenaz, pero no confundas la tenacidad con la cabeza dura.
No cedas ni en tus ideas ni en tus convicciones, pero no olvides que una verdad puede decirse de mil maneras y que no siempre vale la pena sufrir por ciertos modos de expresión.
Y cuando llegue una ola que sea más fuerte que tú, agáchate, déjala pasar, espera... y luego, sigue nadando. Intenta convertirte en lo mejor que puedes ser.
Muchos tienen miedo de lograr su potencial porque temen encontrarse con una puerta cerrada. Esto no es una actitud correcta. Debes desarrollarte a ti mismo lo mejor posible.
Aún la persona más pequeña tiene el potencial más grande si utiliza todo lo que está dentro de ella.
Hoy podríamos preguntarnos cuál es nuestra actitud ante la vida. Quizás es el momento de empezar a modificar todo aquello que no nos permite avanzar o que pone freno a nuestras ilusiones.
A veces somos tercos y ni siquiera intentamos cambiar un poco y al pasar los años, cuando ya estamos cerca del final mirando hacia atrás nos decimos: - Si hubiera hecho... Si en aquel momento... Si se me hubiera ocurrido...
Nuestra actitud ante la vida es la que encierra la respuesta a muchos de nuestros interrogantes, solo que a veces no vemos nada, o creemos ser fantásticos y preferimos convencernos y culpar al entorno de todo cuanto nos sucede.
Todos vivimos inmersos en nuestro entorno y en nuestra circunstancia... Entorno y circunstancia que la mayoría de las veces son difíciles o imposibles de modificar, de modo que, en cierta medida, somos un poco esclavos de ellos. Pero lo que si podemos modificar es nuestra actitud ante esos factores... Podemos dejar que nos abatan y nos dominen... O podemos triunfar ante ellos.
Esos que triunfan, esos que pese a todo lo que se les pone a su paso, logran beber la vida como viene, sin tribulaciones, esos que logran atrapar entre sus manos lo que verdaderamente tiene sentido y dejan de lado todo lo superfluo, esos habrán dado con la clave... Y serán los poseedores de la felicidad.

martes, diciembre 08, 2009

Aceptacion

¿Nos ha dado pena esa pérdida?
¿Ha finalizado la relación con una persona amada?
¿Ha desparecido alguna cosa muy simbólica?
¿Últimamente la vida pasa monótona, sin todavía vivenciar eso que uno anhela?
¿Acaso la salud nos ha dado un “aviso”?
¿Tal vez la economía flaquea?,
¿acaso han herido nuestro ego? ¿o bien es la rabia y la impotencia acompañadas de oscuros deseos de venganza?

Si miramos hacia atrás en nuestra vida y observamos la de aquellos que nos rodean, sabremos muy bien que ésta es un rosario en el que las risas se alternan con las lágrimas. Uno también intuye que toda experiencia por dolorosa que sea, trae envuelta enseñanzas insospechadas. La evolución como rueda de molino, refina y sutiliza a las personas y a las cosas. ¿Por qué nos duele tanto la pérdida? La respuesta señala a nuestro yo que se confunde e identifica con eso que se va, generando una sensación que nos fragmenta. En realidad, somos mucho más que nuestras partes. Nuestra existencia tiene otro alcance y la capacidad de crecer internamente es ilimitada.

Todos sabemos que cuando uno sufre, de poco sirve decirle que hasta la pérdida más dolorosa es una vivencia que madura el alma. Sin embargo, cuando uno recuerda que puede observar su dolor y comprender que éste es pasajero porque se trata tan sólo de la otra cara de la moneda, la tensión afloja y asoma un rayo de esperanza. Uno sabe que si acepta lo que duele, si acepta que el dolor forme parte del gran juego, sucederá que la tormenta se apacigua y uno se libera. Cuando sufrimos un desgarro por la pérdida nos tornamos más sensibles al tiempo que disolvemos formas ilusorias. Más tarde, sentimos el corazón expandido y miramos la vida con otros lentes.

¿Acaso alguien todavía duda que tras la noche oscura no tarda en llegar el alba? ¿Sabemos ya que tras el llanto de la pérdida, se oye la suave alegría de las nuevas llegadas?

El dolor es transitorio, siempre pasó de largo dejándonos el pecho sin corazas. En realidad, el dolor es un “cohete” hacia el Espíritu que abre nuestra sensibilidad y revela el sentido último de la existencia. El dolor prepara silencioso el estallido del amor escondido que uno guarda.

Si hay dolor, aceptémoslo y recordemos que no hay errores, ni castigos, ni siquiera culpas, tan sólo aprendizajes y crecimientos del alma. En el fondo, y mientras su influencia pasa, uno resiste afirmado en sus valores, y desde ahí, siempre gana. No hay culpables, tan sólo conductas y programas. No pensemos que el Universo es un lugar diseñado para sufrir en nombre de las pérdidas. Tenemos derecho a ser felices y, si el dolor llama a la puerta y ocupa temporalmente la morada, tengamos en cuenta que la Vida florecerá exquisita en lo más hondo de nuestra esencia.

Tal vez en plena confusión, uno no se da cuenta de lo que realmente pasa. Sin embargo, sabemos muy dentro, que tras la película dolorosa viene algo maravilloso que sentimos merecer por el simple hecho de darnos cuenta. Se trata de un milagro que se acerca veloz a nuestras vidas pero, ahora, de forma diferente y renovada. No se trata de “más de lo mismo” y, sin embargo, es justo aquello que nuestro Ser Interno, aunque no lo creamos, anhela y demanda. Confiemos. Dejémonos fluir y resbalar por las cascadas de la vida cotidiana. En realidad, mientras aceptamos, sabemos que ya llegan goces más profundos que abrazan nuestro pecho y hacen vibrar a nuestra alma.

Cuando el corazón llora por lo que ha perdido, el Profundo sonríe por lo que ha encontrado.
Dicho Sufí.

Es tiempo para pensar, valorar, bendecir y agradecer...

María Inés

martes, noviembre 17, 2009

Antagonismo

El Antagonismo puede ser una profunda experiencia a de aprendizaje cuando nos lleva a comprender que las diferencias no tienen que producir rupturas. En realidad, todas las fuerzas aparentemente opuestas resaltan las cualidades únicas, los puntos fuertes así como los débiles de cada uno. Generalmente, definimos la tristeza como lo opuesto a la alegría, la oscuridad como lo opuesto a la luz, la muerte como lo opuesto a la vida. Pero desde una perspectiva más amplia, estas cualidades son los dos lados de una misma moneda, aspectos duales de la totalidad. De hecho, se sirven la una a la otra, dando variedad a la vida y creando una belleza que sobrepasa con mucho las limitaciones impuestas por los modos de pensar rígidos.

Se dice que todo tiene su momento y su espacio, todo propósito y toda persona viviente. Todo lo que es, desempeña un papel integral en el conjunto general de la existencia. Cada ser, cada hoja de hierba, cada montaña o estrella es individual, único e independiente, y, no obstante, de alguna manera está misteriosamente interrelacionado con todo lo demás. Tan sólo la mente humana crea la ilusión de la separación y el antagonismo.

Cuando nos encontramos en una disposición mental contraria a las opiniones de otra persona, ambas partes necesitan dar marcha atrás y observar la discusión desde una cierta distancia para tener una perspectiva más amplia. Esto entibia el acaloramiento de las actitudes defensivas y crea espacio suficiente para que cada persona empiece a comprender el punto de vista de la otra. Darse cabezazos no sólo es agotador... produce todo tipo de dolores de cabeza y complicaciones innecesarias. Cortar totalmente con alguien porque es diferente o porque no estamos acuerdo con sus opiniones simplemente cierra las puertas de la cooperación que podría llevar a nuevos entendimientos y culminar en un gran avance. En cuanto tachamos a la otra persona de «imposible», estamos engañando a todo el mundo, especialmente a nosotros mismos. Excluir lo difícil nunca es una solución, porque impide la comprensión verdadera de los desafíos que hay que afrontar, y simplemente prolonga la discordia.

La manera inteligente de enfocar el antagonismo es, primero, delimitar un terreno neutral y, luego, confluir en él. Puede que resulte difícil hacerlo, pero si perseveramos, merecerá totalmente la alegría, y puede traer consigo beneficios inesperados.

No importa lo intolerable que pueda ser la situación, nada es imposible una vez que todas las partes están genuinamente dispuestas a dar una oportunidad a la paz. Las dificultades en la comunicación siempre se pueden superar si existe un deseo sincero de conseguir la armonía. Puede que lleve su tiempo restaurar el equilibrio, pero confiar en que eso es posible y esforzarse por conseguir ese objetivo hará que la unión entre sea posible, más profunda y más fuerte.

Si se pueden exteriorizar las diferencias en una atmósfera de respeto, en la que cada individuo tenga mucho espacio para expresar sus pensamientos y sus quejas sin miedo a que lo juzguen o a que se tomen represalias, la situación mejorará para todos.

Por último, no tomarte a ti mismo o tus opiniones tan en serio contribuirán a disipar la dureza de nuestro modo de pensar y, al mismo tiempo, creará más espacio para la confianza. Un poco de sentido del humor también ayuda, porque aligera la pesadez de un ambiente, creada por el escepticismo y la inhibición.

Una de las manifestaciones más extrañas de El Antagonismo surge cuando elementos que armonizan entre sí de manera natural se han enemistado de alguna forma. Ya se deba este distanciamiento a un malentendido o a fuerzas externas más allá de nuestro control, evitemos la tentación de intentar forzar una reunión feliz. Lo mejor que podemos hacer es confiar en la naturaleza de la sabiduría, sabiendo que lo que realmente debe estar junto se reunirá a su debido tiempo.

A veces, las épocas de antagonismo traen consigo oportunidades inesperadas para descubrir nuevas armonías. Es un poco como una sesión de jazz improvisado que comienza con disonancia y, mágicamente, se conviene de alguna manera en un concierto verdaderamente inspirado y espontáneo.

Si estamos en una situación en la que alguien está reteniendo información o energía, o está siendo agresivo, no derrochemos nuestra propia energía en un enfrentamiento que sólo servirá para empeorar las cosas. Tómate tu tiempo para considerar cuál es la causa de tu decepción y en qué deseos para el futuro te has involucrado, y luego relájate. Soltar algo significa volver a un espacio de neutralidad dentro de nosotros, estando dispuesto a ver lo que es posible sin tener expectativas de resultados específicos.

Recuerda el viejo refrán: «Querer es poder». No es sólo un refrán; es una verdad. Todo el mundo es único, pero, paradójicamente, todos somos lo mismo. Celebrar nuestras diferencias trae armonía a la vida de todos.

Evitemos utilizar la seducción o cualquier otra forma de manipulación para forzar a los demás a que tomen partido. Jugar a ese juego es enredarse en politiqueos. Eso rebaja nuestra propia integridad y, a la postre, genera desconfianza.

Fomentar obstinadamente una actitud que proclama que la relación no puede funcionar «de ninguna manera», deja al descubierto el hecho de que en algún punto de nuestra manera de pensar hay un miedo oculto que percibe la reconciliación como algo amenazante. Es una buena idea clarificar en nuestra propia mente qué es lo que nos asusta perder. Una vez que entendamos bien eso, la situación mejorará de forma natural.

domingo, octubre 04, 2009

Vivir en la confianza.

La mente humana suele tender a anticipar desgracias. Y sucede que cuando sufrimos antes de lo necesario, sufrimos más de lo necesario. Las estadísticas afirman que el noventa por ciento de nuestros sufrimientos los causan cosas anticipatorias que no han sucedido ni van a suceder. Si observamos nuestra mente, comprobaremos que funciona de manera fugaz e inquieta. Se mueve yendo y viniendo entre el pasado y el futuro y discurre rápida entre los polos de la antelación y la memoria. Pero tal función no tiene por qué conllevar la anticipación sufridora que, a menudo, tortura a muchas personas.

La mente cuida de nuestro cuerpo, revisando velozmente registros pasados, a la vez que los proyecta en sucesos por venir. Una función que, aunque nos protege de peligros y previene riesgos, puede generar pensamientos infundados acerca de desgracias venideras. No tenemos más que el presente. El estado de pre-ocupación es estéril, ya que lo apropiado es ocuparse, no pre-ocuparse que es lo mismo que ocuparse antes de tiempo. Recordemos que somos más felices y eficaces creando soluciones que dando vueltas en torno a los problemas. Entretanto, ¿qué mejor que abrir el corazón a la esperanza?

Una mente que procesa el problema, que se acerca una y otra vez a éste y no crea soluciones, es una mente incompetente e incompleta. Una mente sana observa el problema y, rápidamente, lo suelta para reorientarse de inmediato hacia el vislumbre de las soluciones que correspondan. El miedo y la tensión, tan sólo cumplen su verdadera misión cuando movilizan la inteligencia hacia la acción que convenga. Mantengamos la atención para no “engancharnos” al problema, ya que una vez “visto” éste, donde realmente tenemos que poner nuestra visión es en las soluciones certeras. No miremos tanto al veneno como al antídoto. Y, si al principio éste no se ve, tal ausencia no quiere decir nada. Por el mero hecho de “mirar” dicho espacio, los remedios y soluciones aparecerán progresivamente en la consciencia. Aquello en lo que uno enfoca su atención tiende a crecer, se trate de solución o se trate de problema.

Cuando se quiere ayudar a una persona cuya mente se siente amenazada por problemas venideros, lo mejor que puede hacerse es ayudar a dicha mente a que se torne clara y confiada. De esta forma, estará más capacitada para enfrentar las pruebas que se avecinen con ecuanimidad y eficacia. Entonces, ¿qué mejor apuesta que fomentar los recursos del ahora? Sin duda, el sentimiento de confianza es la mejor opción de nuestra mente y es el gran rasgo de la inteligencia del alma.

La confianza es complicidad y comunión con una sintonía más amplia. La confianza es sintonía con ese Poder tan grande que mueve los átomos y las galaxias. Vivir en la confianza es sentir que, llegado el momento de las encrucijadas, uno sabrá hallar las claves y decidirá lo que entonces haga más falta. La confianza es saber que el tiempo va a favor y que, cada día, nuestra mente es más competente y sabia.
Y de la misma forma que el Universo se expande a velocidades infinitas, nosotros también nos abrimos a lo que, en realidad, somos: Observadores del gran regalo de la consciencia.

Recordemos que al final, todo se arregla, y que, en realidad, nunca pasa nada. Además, si uno reflexiona, termina por reconocer que el dolor y las pérdidas pasadas abrieron nuevas avenidas internas por las que se expandió la consciencia. El dolor que tuvimos que soportar, acompañado de pérdidas, vació nuestro ego y “pinchó” ilusiones que nos esclavizaban. Más tarde, cuando las burbujas se desvanecen, sentimos mayor ligereza y vibramos en la sintonía del alma.

lunes, septiembre 28, 2009

El conflicto.

Conflicto es básicamente un choque de voluntades... y el encontronazo surge en primer lugar dentro de cada uno de los combatientes. Cuando un individuo o grupo cree firmemente que tiene la razón con respecto a una idea, una propuesta o una manera particular de hacer las cosas, es fácil perder de vista la visión de conjunto, en la que cada posición ofrece una perspectiva única y valiosa. Y cuando las partes antagónicas de un conflicto se quedan «ancladas» en sus posiciones, ambas pierden la perspectiva necesaria para llegar a una resolución. De hecho, la atmósfera puede calentarse y tensarse tanto que cada bando empiece a considerar la lucha como una cuestión de vida o muerte.

La primera víctima en semejante encontronazo es el potencial que hay dentro de cada uno de nosotros para sentir mediante la experiencia que somos una parte integral del todo... lo suficientemente grande para abarcar una perspectiva de 360 grados y lo suficientemente fuerte para salirse de la dualidad de «o luchar o huir». Hay siempre una tercera opción, que no conlleva ni renunciar a nuestra propia verdad tan hondamente sentida, ni forzar a otro contra su voluntad a someterse a nuestros propios deseos. Esta tercera opción requiere que primero relajemos nuestro puño cerrado para formar una mano abierta, y que también el corazón y la mente permanezcan abiertos.

Sólo se necesita que uno de los combatientes salga del campo de batalla para que cambie toda la situación. No «rindiéndose» o retirándose para planear una estrategia más astuta, sino ascendiendo a un plano más alto desde el que la perspectiva lo abarque todo. Tanto la energía como la visión son contagiosas: ya sea un contagio de la actitud defensiva, la ira y el miedo, o del entendimiento de que cada uno de nosotros es un miembro único y valioso del gran todo.

El primer paso en esa ascensión es dar un paso atrás desde el embrollo presente para calmarnos. Fundamentalmente la tarea empieza con uno mismo. Preguntándonos primero, sin querer echarle la culpa a nadie, cómo comenzó el conflicto. Buscar la raíz de la contienda en nosotros mismos y en nuestras propias intenciones, y desviar el foco de cualquier preocupación que pudiéramos tener con «el otro».

Cada uno de nosotros ha aprendido todo tipo de técnicas de «supervivencia» en un mundo que venera a los poderosos y a los que adoptan una acción dinámica, agresiva; en una palabra, a los «vencedores». Pero con demasiada frecuencia los «vencedores» necesitan «perdedores», y nadie quiere ser uno de ellos. ¿Qué teníamos miedo de perder al principio de este incidente? ¿Y hemos optado por dejarnos guiar por ese miedo en vez de por la percepción de nuestra propia fuerza y valía?

Mirando dentro de nosotros para identificar nuestra propia aportación en un conflicto podemos aprender mucho acerca de nosotros mismos y de nuestros miedos e inseguridades. Viéndolos claramente, conseguimos humildad para perdonar y ser perdonado, fortaleza para asumir la responsabilidad de nuestras propias debilidades y compasión por las debilidades de los demás.

A veces, lo mejor que se puede hacer es retirarnos de un conflicto incluso antes de que empiece. Si es demasiado tarde para eso, lo mejor puede ser retirarse de él en cuanto empiece. Una cosa acerca del ansia de poder presente en la raíz de todos los conflictos: si tú no entregas tu poder, nadie puede quitártelo. Cuando tú mantienes intacto tu poder, se acabó el juego.

Es siempre el ego el que se siente provocado: el yo auténtico sabe exactamente quién es y cuál es su posición. Y el viejo proverbio es cierto: «Al luchar tendemos a volvernos como nuestros enemigos». No quieres que te pase eso, ¿o sí?

Abrirse a la posibilidad de unificación ayuda a desprenderse de las «anteojeras» que limitan nuestra visión, y hace posible que las viejas rigideces den paso a la flexibilidad. Al hacer estos «deberes» —la tarea de uno mismo— se hace posible un mayor entendimiento, y se origina una aproximación más espontánea a la vida cotidiana.

Cada situación o conflicto que lleva todas las de perder oculta un posible desenlace beneficioso para ambas partes. Los que están en la posición de «derrotar» realmente a sus oponentes tienen una responsabilidad especial una oportunidad única para buscar la solución que traiga beneficios duraderos para ambas partes, en vez de conformarse con saborear una victoria que está destinada a ser momentánea.

No intentes siquiera empezar algo nuevo hasta que se haya resuelto el presente conflicto. Igual que sacarte una astilla del pulgar, es doloroso pero necesario para evitar más daños. Éste es un buen momento para llamar a un mediador imparcial si hay uno disponible, que pueda aportar luz en las áreas en las que no hay claridad.

Cuando las cosas alcanzan un punto de ebullición, la llama que hay bajo la olla no se apaga mágicamente por misma. No importa lo difícil que pueda parecer, es esencial esforzarse con firmeza para alcanzar un acuerdo. Al principio, al ego esto le parece exasperante, porque no hay nada que el ego odie más que la apariencia de vulnerabilidad.